Todavía no tengo muy claro qué (demonios) hago en Brasil en épocas mundialistas, y no me mal interpreten la verdad es que siempre había querido visitar Brasil, pero nunca durante un mundial, pero bueno, aquí me tienen con mi novio y cinco de sus amigos (TODO MAL, en mayúsculas) fui la única -novia- loca (o valiente, como lo quieran ver) que se atrevió a venir. Ayer fue día de reconocimiento, de llegar e instalarnos, y todo iba muy bien, hasta que fueron a recoger el coche (mientras yo me bañaba y me humanizaba) ¡PUM! bajo y el coche con bandera, sombrero y todo tipo de símbolos patrios... ¡Dios van a ser tres semanas muy largas! volteo a mi derecha y veo al bell boy del hotel, instalado en uno de los sombreros de charro que trajeron... feliz él, felices todos, menos yo, bueno un poquito, la verdad es que la escena es muy graciosa y pintoresca (siendo sincera no la paso tan mal con estos muchachos, solo me gusta dramatizar... le da ‘algo’ al relato). Los mantengo al tanto, por los pron...