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2018: Dominar la borrachera



2018: Dominar la borrachera
Por pepe garcía



“Good judgment comes from experience, and experience—well that comes from poor judgment!” (Anónimo. Frase popular)

En estas pasadas fiestas navideñas, ante los incontables pretextos para agarrar la fiesta, reflexioné profundamente sobre la borrachera. Su servilleta algo conoce de ese tema y la Morena le dice quítate que ahí te voy. Platicábamos el otro día que debemos hacer algo para bajarle a la peda porque eso sería bueno en sí mismo. Ya tenemos más de 30 y tanto las crudas como nuestras conciencias nos dicen que es hora de crecer.
En 2016 tomé muchas malas decisiones, perdí el control de muchas borracheras, cometí errores muy costosos, me expuse a grandes riesgos, quedé mal, decepcioné a otros, o sea, todo mal. Pero bueno, como dice una gran frase popular, “Good judgment comes from experience, and experience —well that comes from poor judgment!”. Entonces, decidí desintoxicarme y dejar de tomar un tiempo, justo del 1 de enero de 2017 al 6 de marzo, mi cumpleaños. Después de eso, me puse varias reglas para tratar de controlar mi forma de beber con un único fin, nunca estar borracho ni perder el control sobre mi mente. Empecé muy bien la primera mitad del año, pero luego me lastimé la rodilla y fallé -como en el fiestón de cumpleaños de Gina, por ejemplo. Así que va de nuez, nuevo ciclo, nueva iteración. Pero como toda ruta de acción, debemos comenzar por definir el problema y sus causas.

La peda es mala por naturaleza

Esta charla la tuve por primera vez con uno de mis hermanos, también con amplia experiencia y alto rendimiento en pegarle al vidrio -o boxear, como decimos nosotros. Irónicamente ese día nos pusimos una peda de aquellas -todo mal. Pero bueno, ¿qué es la peda? Quizá tradicionalmente pensaríamos que la peda -o agarrar la peda- es ingerir bebidas alcohólicas en un espacio de tiempo y terminar borracho como consecuencia. El problema de esta definición es que no pone el acento en la responsabilidad y en lo que verdaderamente significa embriagarse. Entonces, para que esto quede más claro, la peda es un momento y un espacio en el que una persona -o un grupo de personas- decide beber para ir perdiendo gradualmente el control de la mente. El problema es justamente perder el control sobre nuestra mente.

Beber alcohol no es la causa de la peda. Las bebidas alcohólicas no son malas en sí mismas. Como oferta gastronómica, nos dan sabores y aromas inigualables. Yo soy gran fan de la cerveza, el vino, el mezcal y la mixología en general. En el caso del mezcal, por su hechura artesanal y complejidad, tengo una fascinación -creo en el #mezcalove. ¿Consumir bebidas alcohólicas es igual a agarrar la peda? Negativo. ¿Podemos beber sin embriagarnos? Sí podemos, y de hecho eso es lo que quisiera plantear más adelante.

Sobre las causas de la peda

Hay mil y un causas -o pretextos- para agarrar la borrachera. Sin embargo, a vuelo de pájaro, creo que hay tres grandes causas.

Agarramos la peda porque queremos desconectar, porque no tenemos paz. Nos queremos desestresar, queremos ahogar las penas, queremos olvidar, queremos no tener que lidiar con nosotros mismos en el presente.

Agarramos la peda porque asociamos erróneamente la peda con felicidad, porque no sabemos dónde buscarla y encontrarla. Creemos que en toda ocasión feliz debemos emborracharnos, creemos que está cool emborracharse y generar más historias de borrachera, porque nos reímos más, porque nos sentimos más audaces y valientes para hablar con alguien, para disfrutar la fiesta, porque nos desinhibe para hacer cosas que nos dan miedo cuando estamos sobrios. Bien dicen que el alcohol es el lubricante social por excelencia. Y es correcto porque vivimos reprimidos, porque nos falta valor para hacer y decir lo que queremos, y necesitamos una ayudita para darnos cuenta y/o ejecutar.

Agarramos la peda porque se nos hace fácil, o por mera debilidad. Es decir, porque nos van sirviendo tragos ricos y se nos van juntando. Porque “me entró como agüita”, me decía una de mis hermanas. Porque se me calentó el hocico -“termhociquitis”, le llamamos. Nos dejamos ir como gorsdo en tobogán, dirían otros, o porque no tenemos llenadera.

A lo anterior se suma que ignoramos o minimizamos las consecuencias de la peda. ¿Quién no ha oído de alguien que chocó o murió en la peda? Desgraciadamente yo sí. Todos conocemos historias de miedo. Sin embargo, también están cientos de historias donde hicimos cosas de las que nos avergonzamos o arrepentimos profundamente, y otras veces donde fuimos afortunados y nos salvamos por un pelo. Nos engañamos pensando que en la peda nos la pasamos muy bien, pero aquellas ocasiones son como cuando no te toca la bala en la ruleta rusa, hay demasiado en juego, no somos totalmente conscientes del riesgo y por eso -o aún así, por tontos- lo hacemos. La realidad es que muchos hemos corrido con demasiada suerte y no hemos visto de frente la cara más oscura de la borrachera.
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